Planificación

A nombre de quién pones el ahorro de tu hijo (la pregunta que decide cuánto paga Hacienda)

Abrir una cuenta a nombre de tu hijo parece lo más natural. Pero ese dinero no lo ha generado él, y Hacienda tarde o temprano va a preguntar de dónde salió.


Una pareja vino a verme con una cuenta abierta a nombre de su hija de seis años. Llevaban tres años aportando, orgullosos de haber empezado pronto.

Les pregunté de dónde había salido ese dinero.

“Nuestro, claro. Lo metemos nosotros cada mes.”

Ahí empezó la conversación incómoda.

No es una cuenta de ahorro. Es una donación que todavía no sabes que vas a hacer.

Si el dinero es tuyo y la cuenta está a nombre de tu hijo, Hacienda tiene una pregunta muy simple: ¿de dónde ha salido ese capital, si el niño no lo ha generado?

La respuesta, casi siempre, es una donación encubierta.

Y eso tiene consecuencias. Aunque tú lo veas solo como ahorro familiar.

Las dos opciones, y lo que implica cada una

Tienes básicamente dos caminos.

El primero: el dinero a nombre de los padres. Cuando llegue el momento de dárselo a tu hijo, se formaliza como donación. Tributa por el Impuesto de Sucesiones y Donaciones.

Aquí hay un matiz enorme según dónde vivas. En Madrid, Andalucía o la Comunidad Valenciana, la bonificación en donaciones de padres a hijos llega al 99%. En otras comunidades, la carga puede ser mucho mayor.

No es lo mismo donar en una comunidad que en otra. Revísalo antes de decidir nada.

El segundo camino: abrirlo directamente a nombre del hijo, con los padres como representantes legales. Aquí el riesgo es justo el que viste arriba — Hacienda puede interpretar el origen del capital como una donación igualmente, solo que sin haberla formalizado. Y además, los padres pierden capacidad de decisión sobre ese dinero cuando el hijo llega a la mayoría de edad.

Ninguna opción es universalmente mejor. Depende de tu comunidad autónoma, de quién de los dos tenga más ingresos, y de cuánto control quieres mantener mientras tu hijo crece.

Aquí hay algo que cambia las reglas del juego.

Cuando pagas directamente los gastos de educación de tu hijo —matrícula, residencia, transporte— eso no se considera donación. Se considera gasto de alimentos, en el sentido legal: todo lo necesario para su sustento y formación.

Y lo que no es donación, no tributa como donación.

Si tu hijo estudia en una ciudad cara, con universidad privada, y tú pagas directamente, estás transfiriendo un valor considerable sin que Hacienda intervenga. Siempre que esté bien justificado.

Eso resuelve la universidad. Pero no resuelve el colchón que tu hijo va a necesitar después: la entrada de su primer piso, el margen para elegir trabajo en lugar de aceptar el primero que aparezca. Ese capital sí necesita la planificación de la que hablamos arriba.

Ya escribí sobre cómo se estructura una herencia o transmisión de patrimonio con más detalle — los mismos principios aplican aquí, solo que en vida y por etapas.

Tres preguntas antes de seguir aportando a esa cuenta

  1. ¿A nombre de quién está realmente el dinero que llevas ahorrando? Si es de tu hijo sobre el papel pero lo ingresas tú cada mes, hay que revisarlo.
  2. ¿Sabes qué bonificación aplica tu comunidad autónoma a las donaciones de padres a hijos? La diferencia puede ser de varios puntos porcentuales, o de prácticamente nada.
  3. ¿Estás pagando la universidad por tu cuenta o desde el ahorro que tenías destinado a su futuro? Son dos cosas distintas y conviene no mezclarlas.

Aquella pareja reestructuró su ahorro en menos de una hora de conversación. Lo único que cambió fue cómo estaba organizado el papel. El dinero seguía siendo el mismo.

Si quieres revisar cómo está estructurado el ahorro que haces para tus hijos, hablemos. Aquí tienes el formulario.

Carlos Baselga

Carlos Baselga

Asesor financiero certificado EFPA en Banco Mediolanum. Si este artículo te ha resonado y quieres hablar sobre tu situación concreta, estoy aquí.

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