Una pareja vino a verme con la hipoteca casi cerrada. Llevaban siete años juntos, sin casarse, y habían pagado la entrada a partes iguales.
Les pregunté quién figuraba como titular de la hipoteca.
Solo uno de los dos.
Se miraron. No lo habían pensado.
No es un problema de amor. Es un problema de papel.
Cada año hay más parejas que compran vivienda sin pasar por el registro civil. Tiene sentido: es perfectamente legal, y casarte no debería ser un requisito para comprar una casa juntos.
El problema no es comprar sin casarse.
El problema es lo que pasa si la relación se rompe y nadie dejó nada por escrito.
¿Qué ocurre con el que ha estado pagando la hipoteca durante años sin figurar en ningún sitio?
Nada. La ley no actúa por ti. Lo que no está registrado, no existe.
Y eso, en una ruptura, puede dejar a una persona sin casa y sin lo que ha pagado durante años.
Lo que hay que firmar antes de la hipoteca, no después
Esto se soluciona con dos documentos. Y los dos van antes de firmar la hipoteca, no después.
El primero es la escritura de compraventa, con el porcentaje de propiedad de cada uno bien indicado. Si uno pone el 60% del dinero y el otro el 40%, eso tiene que constar así. No “a partes iguales” porque suena bien.
El segundo es un contrato de comunidad de bienes ante notario. Ahí se regula qué pasa si queréis vender, si os separáis, si uno de los dos fallece.
Sin ese contrato, una ruptura difícil os puede dejar bloqueados durante años.
Y si tú llevas tiempo posponiendo esta conversación porque parece que hablar de “qué pasa si lo dejamos” antes de comprar es de mal augurio, lo entiendo. Pero es justo al revés: hablarlo ahora es lo que os protege a los dos después.
El coste de no hacerlo
Una tarde en la notaría. Unos cientos de euros.
Eso es lo que cuesta hacerlo bien.
Lo que cuesta no hacerlo es mucho más: años de bloqueo legal, una vivienda que no se puede vender porque uno de los dos no quiere, y la persona que pagó sin figurar en ningún lado, sin nada que reclamar.
He visto esa situación de cerca. No es bonito quedarte sin sitio donde vivir porque tu pareja tenía la titularidad y tú, la confianza.
Tres preguntas antes de firmar
- ¿Está registrado el porcentaje real que aporta cada uno? Si la respuesta es “a partes iguales, supongo”, hay que revisarlo.
- ¿Tenéis un contrato de comunidad de bienes ante notario? Si no, es el primer paso antes de seguir adelante con la hipoteca.
- ¿Sabéis qué pasaría con la vivienda si la relación se rompiera hoy? Si no tenéis una respuesta clara, esa es la conversación pendiente.
Esto es solo uno de los diez puntos que reviso con cada cliente antes de firmar una hipoteca — en el vídeo de arriba están los otros nueve.
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